Este año no se vende magia, sino realismo con ciertos tintes de solidaridad. Se comenta que media España ha llorado con este reclamo publicitario, dato este que evidencia lo mal que estamos económica y emocionalmente, no por el hecho en sí de llorar, que muestra nuestra gran sensibilidad y capacidad de ponerse en el lugar del otro, sino por el hecho de que somos un país triste y desesperado.
Si nos toca la fibra es porque nos sentimos identificados con toda esta gente que pierde su hogar, que no tienen ningún ingreso monetario en casa y están pasando hambre. Hambre de humanidad y fraternidad, que el pueblo reclama para con sus políticos, más preocupados en preservar su poltrona y las prebendas para sus familiares.
Un hombre ajado por el tiempo y el sufrimiento mantiene la mirada perdida hacia la esquina de la calle de enfrente, desde donde procede un gran alboroto. El bar, sito a escasos metros de su casa, parece haber sido agraciado con el Gordo de la Lotería de Navidad, de la que él no posee ningún décimo ni participación.
Su abnegada esposa, una de esas muchas que hacen filigranas para llegar a fin de mes con la pensión de miseria de su marido, le anima a que se sume a la fiesta y baje al santuario de la diosa fortuna.
Esa cónyuge continente de la angustia y depresión de su pareja y de la suya propia, representa la auténtica suerte en esos hogares donde alguien cuenta las horas del día mirando por la ventana, hacia una calle donde presupone que circula la vida y la esperanza, ajenas a él, desde un panóptico interior de un ser que se vive a sí mismo como lleno de objetos desfallecientes, desvitalizados y carentes de sentido.
Hemos construido una sociedad que despilfarra bienes materiales, talento a raudales y también vidas humanas, de las que prescinde. Ese hombre de aspecto descuidado, impotente y deprimido escucha a su mujer y se dirige pausadamente a su hemeroteca del diario impreso y del café diario.
Millones de personas quieren formar parte de ese reducido grupo de "PPSOES" que bailan y celebran no participar de la crisis y vivir en la abundancia del cuerno de oro.
El dueño del bar pone esa mirada piadosa, caritativa, honesta y solidaria que la pandilla política delincuente es incapaz de ofrecer. Parece conformarse con las propinas y con la alegría de los demás. Esa es su suerte y su virtud; para su vecino, que observa el contenido del sobre como si presenciase a Dios mismamente, ese pellizco de dinero, quizá le evite un posible desahucio.
Un anuncio hecho con mucha psicología al servicio de un Amo, que aprieta pero no ahoga, y afloja un pelín la cuerda cuando ya no se aguanta más. Como quiera que los recortes alcanzan también a los premiados por la lotería, no olvidéis de oclusionar la boca un 20% cuando explotéis de alegría.
Escritos de psicología y de opinión de un Psicólogo Clínico formado en Ciencias Sociales y Políticas
lunes, 24 de noviembre de 2014
martes, 21 de octubre de 2014
Tarjetas opacas para gente opaca. ¿Padecen los españoles el síndrome de Nagasaki?
El síndrome en cuestión podría definirse de la siguiente manera: (....) lo hecho una vez puede repetirse muchas veces con pruritos cada vez más débiles; a cada caso sucesivo mayor, mayor naturalidad e informalidad, y menos deliberaciones o motivos.
Günther Anders, desarrollador de este síndrome, explica de esta manera la progresiva desensibilización frente a lo monstruoso, a través de una especie de habituación y acomodación a cualquier cosa, por ignominiosa que sea: "si aquello a lo que propiamente habría que reaccionar se torna desmesurado, también nuestra capacidad de sentir desfallece. Ya afecte esta "desmesura" a proyectos, logros productivos o acciones realizadas, el "demasiado grande" nos deja fríos, o mejor dicho, ni siquiera fríos, sino completamente indiferentes: nos convertimos en "analfabetos emocionales", que enfrentados a textos demasiado grandes, somos ya incapaces de reconocer lo que tenemos ante sí.
Seis millones no es para nosotros más que un simple número, mientras que la evocación del asesinato de diez personas quizá cause todavía alguna resonancia en nosotros, y el asesinato de un sólo ser humano nos llene de horror" (1)
Anders pone el dedo en la llaga al postular que nos encontramos ante un desfallecimiento que tiene una consecuencia trágica: la de hacer posible la repetición de lo peor. Y ello sucede porque lo que desfallece es el sentimiento de responsabilidad. Anders sostiene que cuanto más complejo se hace el aparato en el que estamos inmersos, cuanto mayores son sus efectos, tanto menor es la visión que tenemos de los mismos y tanto más se complica nuestra posibilidad de comprender los procesos de los que formamos parte o de entender realmente lo que está en juego en ellos.
Hemos pasado de ver el rostro asustado e iracundo de quien estaba a punto de atravesarnos con su bayoneta en las trincheras de la 1ª Guerra Mundial, a unos padres (pues la mayoría de víctimas de las guerras actuales son civiles) desgarrados por el despedazamiento de su hijo a cargo de un ligero aeroplano (dron) sin piloto, pero cargado de bombas y radares. Muerte ejecutada a larga distancia por sistemas informatizados, que requieren la supervisión de unos señores que han programado el ataque en su horario laboral y que se irán a comer tan tranquilos sin ser conscientes de las atrocidades cometidas.
Nadie vió caer la bomba, nadie asume en su conciencia la muerte de esos inocentes ni de la injusticia de la guerra en sí, por inevitables que sean. Nunca hubieron tantos Poncio Pilatos sueltos como en los tiempos que corren, ni fueron tan grandes las albercas donde lavarse las manos manchadas de sangre.
Retomando el síndrome de Nagasaki, ya da igual sin son 87 o 5000 los beneficiarios de las tarjetas negras de Caja Madrid o Bankia, que yo rebautizaría como "Tarjeta Papá Noël & Alí-Babá".
La indignación ya no puede crecer más en función del número de ladrones, ni de la cuantía de lo robado. Nuestro aparato mental no está preparado para soportar semejantes incrementos de rabia e impotencia y opta por desconectarse. Al igual que un excesivo incremento del dolor físico nos conduce al desmayo y pérdida de conciencia. No voy a repetir ese tópico mentiroso de que la Naturaleza es sabia; pues de lo contrario no estaríamos en el mundo, salvo el reino vegetal y el animal. La especie humana es necia, cobarde y miedosa.
¿Padece España el síndrome de Nagasaki? ¿Estamos ya anestesiados ante tanta corrupción y maldad?
¿Nos hemos inmunizado totalmente contra la reacción y nos volvemos cómplices de los delincuentes en ese invisible puente aéreo de Nagasaki a Estocolmo? ¿Podremos despertar? Claro que PODEMOS.
(1). Anders, G. Nosotros los hijos de Eichmann.
Muchos de los datos los he obtenido de este estupendo libro que acaba de publicar el Dr.Josep Moya, titulado: "Maldad, culpa y responsabilidad". Os lo recomiendo.
Günther Anders, desarrollador de este síndrome, explica de esta manera la progresiva desensibilización frente a lo monstruoso, a través de una especie de habituación y acomodación a cualquier cosa, por ignominiosa que sea: "si aquello a lo que propiamente habría que reaccionar se torna desmesurado, también nuestra capacidad de sentir desfallece. Ya afecte esta "desmesura" a proyectos, logros productivos o acciones realizadas, el "demasiado grande" nos deja fríos, o mejor dicho, ni siquiera fríos, sino completamente indiferentes: nos convertimos en "analfabetos emocionales", que enfrentados a textos demasiado grandes, somos ya incapaces de reconocer lo que tenemos ante sí.
Seis millones no es para nosotros más que un simple número, mientras que la evocación del asesinato de diez personas quizá cause todavía alguna resonancia en nosotros, y el asesinato de un sólo ser humano nos llene de horror" (1)
Anders pone el dedo en la llaga al postular que nos encontramos ante un desfallecimiento que tiene una consecuencia trágica: la de hacer posible la repetición de lo peor. Y ello sucede porque lo que desfallece es el sentimiento de responsabilidad. Anders sostiene que cuanto más complejo se hace el aparato en el que estamos inmersos, cuanto mayores son sus efectos, tanto menor es la visión que tenemos de los mismos y tanto más se complica nuestra posibilidad de comprender los procesos de los que formamos parte o de entender realmente lo que está en juego en ellos.
Hemos pasado de ver el rostro asustado e iracundo de quien estaba a punto de atravesarnos con su bayoneta en las trincheras de la 1ª Guerra Mundial, a unos padres (pues la mayoría de víctimas de las guerras actuales son civiles) desgarrados por el despedazamiento de su hijo a cargo de un ligero aeroplano (dron) sin piloto, pero cargado de bombas y radares. Muerte ejecutada a larga distancia por sistemas informatizados, que requieren la supervisión de unos señores que han programado el ataque en su horario laboral y que se irán a comer tan tranquilos sin ser conscientes de las atrocidades cometidas.
Nadie vió caer la bomba, nadie asume en su conciencia la muerte de esos inocentes ni de la injusticia de la guerra en sí, por inevitables que sean. Nunca hubieron tantos Poncio Pilatos sueltos como en los tiempos que corren, ni fueron tan grandes las albercas donde lavarse las manos manchadas de sangre.
Retomando el síndrome de Nagasaki, ya da igual sin son 87 o 5000 los beneficiarios de las tarjetas negras de Caja Madrid o Bankia, que yo rebautizaría como "Tarjeta Papá Noël & Alí-Babá".
La indignación ya no puede crecer más en función del número de ladrones, ni de la cuantía de lo robado. Nuestro aparato mental no está preparado para soportar semejantes incrementos de rabia e impotencia y opta por desconectarse. Al igual que un excesivo incremento del dolor físico nos conduce al desmayo y pérdida de conciencia. No voy a repetir ese tópico mentiroso de que la Naturaleza es sabia; pues de lo contrario no estaríamos en el mundo, salvo el reino vegetal y el animal. La especie humana es necia, cobarde y miedosa.
¿Padece España el síndrome de Nagasaki? ¿Estamos ya anestesiados ante tanta corrupción y maldad?
¿Nos hemos inmunizado totalmente contra la reacción y nos volvemos cómplices de los delincuentes en ese invisible puente aéreo de Nagasaki a Estocolmo? ¿Podremos despertar? Claro que PODEMOS.
(1). Anders, G. Nosotros los hijos de Eichmann.
Muchos de los datos los he obtenido de este estupendo libro que acaba de publicar el Dr.Josep Moya, titulado: "Maldad, culpa y responsabilidad". Os lo recomiendo.
viernes, 10 de octubre de 2014
¿Cristianismo versus Islamismo?
Todas las religiones tienden a expansionarse bajo el precepto de que poseen una semilla verdad (la única con derecho a germinar), que debe encontrar nuevas tierras donde ser abonada.
Los católicos condujeron sus cruzadas hasta Jerusalén y diseminaron a sus misioneros a lo largo y ancho de este mundo.
El Islam hizo lo propio y su expansión por Europa fue frenada en el sur de Francia (Poitiers), al tiempo que "Alá-rgaron" su Alcorán por amplias zonas de Asia y África.
La civilización occidental, vamos a llamar moderna, industrializada, alienante y consumista, choca con la cultura islámica, apegada a sus ancestrales tradiciones, al comercio general y a una industria más bien ligera y manufacturera, salvo contadas excepciones.
Que nuestra mente prejuiciosa no nos induzca a pensar que la conocida como civilización tecnológica es superior a la suya, más anclada en el Antiguo Régimen. De hecho en aras a esa modernidad, nos estamos cargando el planeta y a la mayoría de sus especies.
En la sociedad de las etiquetas en la que vivimos, un niño movido, agitado o excitado, ya no es un niño sino un TDA, el que bebe con cierta frecuencia, un borracho, y el que fuma más "petas" de la cuenta, un porrero o drogata. El que coloca bombas no es un "bombero" (es broma), sino un terrorista.
Reducimos las personas a una etiqueta, a una caricatura o a un código, vaciándola de toda su complejidad y riqueza de matices. Es más fácil desplazar el odio hacia unos cuantos "terroristas" que analizar el entramado de causas-efectos que trasladan los muertos de Bagdad a un tren de cercanías en Atocha (Madrid). Unas víctimas conducen a otras en una invisible cadena metonímica.
Pero con ese hilo discursivo habría que pedir responsabilidades a determinadas personas con nombres y apellidos y el causante no los pone ni el terrorista tampoco. Les mató el anonimato, como ahora nos mata nuestra desidia, codicia y maldad con África, a través del ébola. La globalización tecnológica no puede ir separada de la globalización del reparto de la riqueza y de la justicia, de lo contrario globalizaremos la destrucción y la muerte, que parece ser el camino elegido por ciertas élites.
Como quiera que los terroristas proliferan como setas, ahora ya no son una colla de desperdigados, sino que han accedido al estatus de Estado a través de su propio proceso de globalización de respuesta a la globalización del llamado primer mundo.
Se enarbola en los informativos la palabra YIHAD islámica como sinónimo del reino infernal de Pandemónium, cuando en realidad, si nos remitimos a las fuentes que ya manaban en el S.X, podemos beber en el cuenco de las manos del sabio Avicena, la siguiente descripción:
"Para el ejercicio concreto del poder se necesitan además dos virtudes principales: capacidad de mando y sabiduría (hoy en día son optativas); cuando estas virtudes faltan en el gobernante, es lícita su deposición, aunque no obligatoria (por eso nuestro presidente no dimite).
Las sociedades que no estén regidas por la ley o que estén gobernadas por tiranos (los ha habido siempre) deben encaminarse hacia un gobierno legítimo; de persistir en la injusta organización o en su régimen tiránico, DEBEN SER COMBATIDAS Y DESTRUIDAS POR LA FUERZA (YIHAD).
El fin de esta es idéntico al de las medidas coercitivas y a las leyes generales: RESTAURAR EL ORDEN ALTERADO Y EVITAR LA DESTRUCCIÓN DE LA UNIDAD Y EL ORDEN COMÚN, MANTENIENDO EL EQUILIBRIO INTERNACIONAL, NACIONAL E INDIVIDUAL QUE CONSTITUYE LA JUSTICIA, LA MÁS ALTA DE TODAS LAS VIRTUDES, cuya misión consiste en promover, proteger y controlar todas las actividades convenientes al perfeccionamiento humano".
Según se deduce del texto avicénico, rabiosamente actual, la YIHAD islámica pretende recuperar la esencia pura del Islam, desprovista de las contaminaciones degradantes y alienantes de Occidente. Antes de acabar este escrito he visto en TV que circula por internet un vídeo de muy mal gusto y pésima calidad humana, que trata de ridiculizar las tradiciones islámicas, poniendo lo nuestro "moderno" como modelo. O sea que dejadme la Mezquita de Córdoba como estaba y no amancebadla con catedrales cristianas, ¡menudo engendro!.
Que los lugares polvorientos, inhóspitos y repletos de gentes andrajosas que nos muestran a diario los noticieros, provinientes de Afganistán, Irak, Siria o Egipto, no nos muevan a confusión pensando que son pueblos atrasados, incultos e inferiores a nosotros. ¡Ojo! Son pobres en lo material (también nosotros tenemos mucha pobreza), pero tras ellos y en sus espíritus hay una cultura milenaria (persas, asirios, babilonios, shiís, sunís, egipcios y un largo etcétera), una sabiduría ancestral y un saber vivir y gozar del mundo y de las cosas realmente importantes de la vida, que para nosotros querríamos en nuestra sociedad alienada y aborregada en el egoísmo materialista, el egocentrismo y la anulación del sujeto, en la que estamos inmersos. GLOBALICEMOS EL ENRIQUECIMIENTO MUTUO Y EL RESPETO POR LAS DIFERENCIAS. MALDITOS SEAN QUIENES PROPAGAN EL MAL Y EL ODIO POR EL MUNDO, ESTÉN EN EL BANDO QUE ESTÉN.
Los católicos condujeron sus cruzadas hasta Jerusalén y diseminaron a sus misioneros a lo largo y ancho de este mundo.
El Islam hizo lo propio y su expansión por Europa fue frenada en el sur de Francia (Poitiers), al tiempo que "Alá-rgaron" su Alcorán por amplias zonas de Asia y África.
La civilización occidental, vamos a llamar moderna, industrializada, alienante y consumista, choca con la cultura islámica, apegada a sus ancestrales tradiciones, al comercio general y a una industria más bien ligera y manufacturera, salvo contadas excepciones.
Que nuestra mente prejuiciosa no nos induzca a pensar que la conocida como civilización tecnológica es superior a la suya, más anclada en el Antiguo Régimen. De hecho en aras a esa modernidad, nos estamos cargando el planeta y a la mayoría de sus especies.
En la sociedad de las etiquetas en la que vivimos, un niño movido, agitado o excitado, ya no es un niño sino un TDA, el que bebe con cierta frecuencia, un borracho, y el que fuma más "petas" de la cuenta, un porrero o drogata. El que coloca bombas no es un "bombero" (es broma), sino un terrorista.
Reducimos las personas a una etiqueta, a una caricatura o a un código, vaciándola de toda su complejidad y riqueza de matices. Es más fácil desplazar el odio hacia unos cuantos "terroristas" que analizar el entramado de causas-efectos que trasladan los muertos de Bagdad a un tren de cercanías en Atocha (Madrid). Unas víctimas conducen a otras en una invisible cadena metonímica.
Pero con ese hilo discursivo habría que pedir responsabilidades a determinadas personas con nombres y apellidos y el causante no los pone ni el terrorista tampoco. Les mató el anonimato, como ahora nos mata nuestra desidia, codicia y maldad con África, a través del ébola. La globalización tecnológica no puede ir separada de la globalización del reparto de la riqueza y de la justicia, de lo contrario globalizaremos la destrucción y la muerte, que parece ser el camino elegido por ciertas élites.
Como quiera que los terroristas proliferan como setas, ahora ya no son una colla de desperdigados, sino que han accedido al estatus de Estado a través de su propio proceso de globalización de respuesta a la globalización del llamado primer mundo.
Se enarbola en los informativos la palabra YIHAD islámica como sinónimo del reino infernal de Pandemónium, cuando en realidad, si nos remitimos a las fuentes que ya manaban en el S.X, podemos beber en el cuenco de las manos del sabio Avicena, la siguiente descripción:
"Para el ejercicio concreto del poder se necesitan además dos virtudes principales: capacidad de mando y sabiduría (hoy en día son optativas); cuando estas virtudes faltan en el gobernante, es lícita su deposición, aunque no obligatoria (por eso nuestro presidente no dimite).
Las sociedades que no estén regidas por la ley o que estén gobernadas por tiranos (los ha habido siempre) deben encaminarse hacia un gobierno legítimo; de persistir en la injusta organización o en su régimen tiránico, DEBEN SER COMBATIDAS Y DESTRUIDAS POR LA FUERZA (YIHAD).
El fin de esta es idéntico al de las medidas coercitivas y a las leyes generales: RESTAURAR EL ORDEN ALTERADO Y EVITAR LA DESTRUCCIÓN DE LA UNIDAD Y EL ORDEN COMÚN, MANTENIENDO EL EQUILIBRIO INTERNACIONAL, NACIONAL E INDIVIDUAL QUE CONSTITUYE LA JUSTICIA, LA MÁS ALTA DE TODAS LAS VIRTUDES, cuya misión consiste en promover, proteger y controlar todas las actividades convenientes al perfeccionamiento humano".
Según se deduce del texto avicénico, rabiosamente actual, la YIHAD islámica pretende recuperar la esencia pura del Islam, desprovista de las contaminaciones degradantes y alienantes de Occidente. Antes de acabar este escrito he visto en TV que circula por internet un vídeo de muy mal gusto y pésima calidad humana, que trata de ridiculizar las tradiciones islámicas, poniendo lo nuestro "moderno" como modelo. O sea que dejadme la Mezquita de Córdoba como estaba y no amancebadla con catedrales cristianas, ¡menudo engendro!.
Que los lugares polvorientos, inhóspitos y repletos de gentes andrajosas que nos muestran a diario los noticieros, provinientes de Afganistán, Irak, Siria o Egipto, no nos muevan a confusión pensando que son pueblos atrasados, incultos e inferiores a nosotros. ¡Ojo! Son pobres en lo material (también nosotros tenemos mucha pobreza), pero tras ellos y en sus espíritus hay una cultura milenaria (persas, asirios, babilonios, shiís, sunís, egipcios y un largo etcétera), una sabiduría ancestral y un saber vivir y gozar del mundo y de las cosas realmente importantes de la vida, que para nosotros querríamos en nuestra sociedad alienada y aborregada en el egoísmo materialista, el egocentrismo y la anulación del sujeto, en la que estamos inmersos. GLOBALICEMOS EL ENRIQUECIMIENTO MUTUO Y EL RESPETO POR LAS DIFERENCIAS. MALDITOS SEAN QUIENES PROPAGAN EL MAL Y EL ODIO POR EL MUNDO, ESTÉN EN EL BANDO QUE ESTÉN.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Dinero, caca y analidad desde el psicoanálisis
Tanto Freud como Ferenczi se interesaron por la significación simbólica del dinero. En estos términos se expresaba su descubridor: "En todo lugar donde el modo de pensamiento arcaico ha sido dominante o subsiste todavía, en los viejos cultos, los mitos, los cuentos y las supersticiones, en los pensamientos inconscientes, el sueño y las neurosis, el dinero es puesto en relación muy estrecha con las materias fecales.
El genio de Sigmund Freud nos muestra la relación profunda que existe entre la erogeneidad fuertemente marcada de la zona anal en la infancia y un rasgo de carácter que se desarrolla más tarde, la avaricia. Los individuos que se vuelven particularmente ordenados, económicos y obstinados nos enseñan, cuando se hace la investigación psicoanalítica de su pequeña infancia, que ellos formaban parte de aquellas criaturas "que se niegan a vaciar sus intestinos porque obtienen de la defecación un fruto placentero, a los que, algunos años más tarde, "retener sus evacuaciones producía placer" y recuerdan haber hecho en su infancia "·todo tipo de cosas poco convenientes con las materias fecales cotidianamente exigidas"
El interés del niño por sus evacuaciones obtiene su primera distorsión del hecho de que el olor de las heces le resulta desagradable e incluso le repugna. Esto está probablemente en relación con el principio de la marcha vertical, del alejamiento del suelo. Las otras características de esa materia, humedad, color, viscosidad, etc. no ofenden provisionalmente su sentido de la propiedad.
Sin embargo, por poco que encuentre la ocasión revuelve y juega todavía de buena gana con el barro húmedo que él ama recoger en grandes montones. Estos montones de barro son ya, en cierta medida un símbolo que se diferencia de "la cosa" propiamente dicha por la ausencia de olor. Para el niño, el barro es en cierta manera las materias fecales desodorizadas.
Como consecuencia de la educación hacia la limpieza, todas las substancias que podrían dejar marcas sobre el cuerpo o sus vestidos, son despreciadas y evitadas como "cosas sucias", eso que las mamás gustan en llamar "caca". El interés del niño se vuelca entonces sobre la arena, que aun teniendo el color de la tierra, está seca y más limpia.
Toda una serie de análisis me han además convencido de que la hipocondría es en realidad, en muchos casos, un producto de fermentación del erotismo anal, un desplazamiento de los intereses coprófilos no sublimados de sus objetos primitivos sobre otros órganos y otros productos del cuerpo, significando una alteración del índice de placer.
El niño saca un placer infinito en llenar de agua agujeros cavados en la arena y acercar de esta manera la materia de su juego, a su estado acuoso primitivo. A menudo utilizan su propia orina para esta irrigación, como si quisieran señalar la afinidad de las dos materias. Los niños persisten en oler con predilección las materias viscosas de perfume característico, especialmente el producto descompuesto de fuerte olor que proviene de la caída de las células epidérmicas acumuladas entre los dedos de los pies, la secreción nasal, la cera de las orejas y la suciedad de las uñas; algunos no solo los amasan y huelen, sino que los meten también en su boca.
NO HAY DUDA DE QUE LA ESTÉTICA EN GENERAL TIENE SU RAÍZ MÁS PROFUNDA EN EL EROTISMO ANAL RECHAZADO.
El genio de Sigmund Freud nos muestra la relación profunda que existe entre la erogeneidad fuertemente marcada de la zona anal en la infancia y un rasgo de carácter que se desarrolla más tarde, la avaricia. Los individuos que se vuelven particularmente ordenados, económicos y obstinados nos enseñan, cuando se hace la investigación psicoanalítica de su pequeña infancia, que ellos formaban parte de aquellas criaturas "que se niegan a vaciar sus intestinos porque obtienen de la defecación un fruto placentero, a los que, algunos años más tarde, "retener sus evacuaciones producía placer" y recuerdan haber hecho en su infancia "·todo tipo de cosas poco convenientes con las materias fecales cotidianamente exigidas"
El interés del niño por sus evacuaciones obtiene su primera distorsión del hecho de que el olor de las heces le resulta desagradable e incluso le repugna. Esto está probablemente en relación con el principio de la marcha vertical, del alejamiento del suelo. Las otras características de esa materia, humedad, color, viscosidad, etc. no ofenden provisionalmente su sentido de la propiedad.
Sin embargo, por poco que encuentre la ocasión revuelve y juega todavía de buena gana con el barro húmedo que él ama recoger en grandes montones. Estos montones de barro son ya, en cierta medida un símbolo que se diferencia de "la cosa" propiamente dicha por la ausencia de olor. Para el niño, el barro es en cierta manera las materias fecales desodorizadas.
Como consecuencia de la educación hacia la limpieza, todas las substancias que podrían dejar marcas sobre el cuerpo o sus vestidos, son despreciadas y evitadas como "cosas sucias", eso que las mamás gustan en llamar "caca". El interés del niño se vuelca entonces sobre la arena, que aun teniendo el color de la tierra, está seca y más limpia.
Toda una serie de análisis me han además convencido de que la hipocondría es en realidad, en muchos casos, un producto de fermentación del erotismo anal, un desplazamiento de los intereses coprófilos no sublimados de sus objetos primitivos sobre otros órganos y otros productos del cuerpo, significando una alteración del índice de placer.
El niño saca un placer infinito en llenar de agua agujeros cavados en la arena y acercar de esta manera la materia de su juego, a su estado acuoso primitivo. A menudo utilizan su propia orina para esta irrigación, como si quisieran señalar la afinidad de las dos materias. Los niños persisten en oler con predilección las materias viscosas de perfume característico, especialmente el producto descompuesto de fuerte olor que proviene de la caída de las células epidérmicas acumuladas entre los dedos de los pies, la secreción nasal, la cera de las orejas y la suciedad de las uñas; algunos no solo los amasan y huelen, sino que los meten también en su boca.
NO HAY DUDA DE QUE LA ESTÉTICA EN GENERAL TIENE SU RAÍZ MÁS PROFUNDA EN EL EROTISMO ANAL RECHAZADO.
De los peos hasta la música (primer fagot biológico)
Sandor Ferenczi, psicoanalista alumno de Freud muy en boga en nuestros tiempos, argumentaba en su trabajo "Palabras obscenas", que el interés estético y lúdico que brota de la misma fuente (analidad), contribuye frecuentemente al placer creciente de pintar y de modelar (escultura).
Poco a poco, los progresos del sentido de la propiedad hacen incluso inaceptable la arena para el niño, y es el principio de la edad de piedra infantil: la recogida de piedras de formas y colores lo más bellas posibles, con lo cual la formación substitutiva alcanza un grado más elevado de desarrollo.
Lo fétido, lo acuoso, lo blando so reemplazados por algo inodoro, seco y también, en lo sucesivo, duro. Solo el hecho de que las piedras, como el barro y la arena, se recojan sobre el suelo, nos recuerda todavía el origen propiamente dicho de este tema.
La significación capitalista de las piedras es ya muy importante. Después de las piedras es el turno de los objetos manufacturados para ser objetos de acumulación, y el desinterés por el suelo se vuelve entonces total. Bolas de cristal (canicas), botones, nos decía Lou Andreas-Salomé: "Vom frühen Gottesdienst" (1913), huesos son coleccionados ávidamente, no sólo por su valor intrínseco, sino como "valeur-étalon" (valor contraste o patrón), en cierta manera como moneda primitiva que va a transformar el trueque practicado hasta el momento, en un floreciente tráfico monetario.
Hay alegría en reunir, amasar y contemplar las piezas de metal brillantes; de manera que aquí todavía las piezas de moneda son apreciadas más como objetos distribuidores en ellos mismos de placer, que por su solo valor económico. El ojo saca placer de ver su brillo y su color, el oído al escuchar su tintineo metálico, el tacto al jugar con esos pequeños discos lisos y redondos; únicamente el olfato queda de balde, mientras que el gusto debe contentarse del sabor metálico flojo pero bien particular de la moneda.
En este momento, el símbolo del dinero ha llegado de lleno al término de su desarrollo. El goce unido al contenido intestinal se transforma en placer causado por el DINERO QUE, LO HEMOS YA VISTO, NO ES OTRA COSA QUE EXCREMENTOS DESODORIZADOS, DESHIDRATADOS Y VUELTOS BRILLANTES. "Pecunia non olet"
Sin embargo, cualquiera que sea la forma tomada por el dinero, el placer obtenido por su posesión encuentra su origen más profundo en la coprofilia. Toda sociología o economía nacional, que examinara los hechos sin prejuicios tendrá que contar con este elemento irracional.
El carácter anal con su amor de la propiedad y del orden, su testarudez y su avaricia, contrasta vivamente con un erotismo anal marcado, que es tolerante con la suciedad, pródigo y bueno. Incluso el hombre normal más civilizado, tiene con sus propias funciones de evacuación, un interés que se encuentra en extraña contradicción con el horror y la repugnancia que él manifiesta si llega a ver la misma cosa en otro, o al escuchar hablar de ello. Como se sabe, los forasteros y las razas extranjeras no pueden "ni olerse". El análisis descubre frecuentemente que los problemas pasajeros de la defecación (diarrea, estreñimiento) corresponden a regresiones del carácter anal.
Se ve también en ciertas personas que se muestran ahorrativas en aquello que concierne a la mudanza de su ropa interior, de una manera desproporcionada a su nivel de vida.
El desarrollo ontogenético del interés por el dinero tal como lo hemos esbozado aquí presenta sin duda diferencias individuales que dependen de las condiciones de vida; se puede no obstante considerarlo como un proceso psicológico propio a los hombres civilizados de nuestra época.
Es tentador entonces ver en esta tendencia evolutiva una característica de la especie humana y suponer que el principio fundamental de la biogénesis es igualmente válido para la formación del símbolo del dinero.
Quizá se encontrará entonces la significación de las pequeñas piedras coloreadas del hombre primitivo, descubiertas en gran número durante las excavaciones efectuadas en las grutas; observaciones sobre el erotismo anal de los salvajes (los hombres primitivos de nuestra época que viven todavía frecuentemente en el estado de trueque o del dinero-piedras o conchas) podrían hacer avanzar considerablemente esta investigación de la historia de las civilizaciones.
Sin embargo, nuestra exposición nos permite suponer que el interés capitalista que progresa conjuntamente al desarrollo, no está solamente al servicio de objetivos prácticos y egoístas, por consiguiente del principio de realidad, sino que el placer procurado por la posesión lograda, el sustituto simbólico y la formación reactiva del erotismo anal y de la coprofilia rechazados, satisfacen también al principio del placer.
La pulsión capitalista contiene por consecuencia, según los hallazgos del psicoanálisis, un componente egoísta y un componente erótico anal.
Este texto que yo he extractado y coloreado con alguna pincelada personal, apareció en la Revista "PSICODEIA" número 62, al precio actual de un café, allá por los años ´80, que ya teníamos ano.
Poco a poco, los progresos del sentido de la propiedad hacen incluso inaceptable la arena para el niño, y es el principio de la edad de piedra infantil: la recogida de piedras de formas y colores lo más bellas posibles, con lo cual la formación substitutiva alcanza un grado más elevado de desarrollo.
Lo fétido, lo acuoso, lo blando so reemplazados por algo inodoro, seco y también, en lo sucesivo, duro. Solo el hecho de que las piedras, como el barro y la arena, se recojan sobre el suelo, nos recuerda todavía el origen propiamente dicho de este tema.
La significación capitalista de las piedras es ya muy importante. Después de las piedras es el turno de los objetos manufacturados para ser objetos de acumulación, y el desinterés por el suelo se vuelve entonces total. Bolas de cristal (canicas), botones, nos decía Lou Andreas-Salomé: "Vom frühen Gottesdienst" (1913), huesos son coleccionados ávidamente, no sólo por su valor intrínseco, sino como "valeur-étalon" (valor contraste o patrón), en cierta manera como moneda primitiva que va a transformar el trueque practicado hasta el momento, en un floreciente tráfico monetario.
Hay alegría en reunir, amasar y contemplar las piezas de metal brillantes; de manera que aquí todavía las piezas de moneda son apreciadas más como objetos distribuidores en ellos mismos de placer, que por su solo valor económico. El ojo saca placer de ver su brillo y su color, el oído al escuchar su tintineo metálico, el tacto al jugar con esos pequeños discos lisos y redondos; únicamente el olfato queda de balde, mientras que el gusto debe contentarse del sabor metálico flojo pero bien particular de la moneda.
En este momento, el símbolo del dinero ha llegado de lleno al término de su desarrollo. El goce unido al contenido intestinal se transforma en placer causado por el DINERO QUE, LO HEMOS YA VISTO, NO ES OTRA COSA QUE EXCREMENTOS DESODORIZADOS, DESHIDRATADOS Y VUELTOS BRILLANTES. "Pecunia non olet"
Sin embargo, cualquiera que sea la forma tomada por el dinero, el placer obtenido por su posesión encuentra su origen más profundo en la coprofilia. Toda sociología o economía nacional, que examinara los hechos sin prejuicios tendrá que contar con este elemento irracional.
El carácter anal con su amor de la propiedad y del orden, su testarudez y su avaricia, contrasta vivamente con un erotismo anal marcado, que es tolerante con la suciedad, pródigo y bueno. Incluso el hombre normal más civilizado, tiene con sus propias funciones de evacuación, un interés que se encuentra en extraña contradicción con el horror y la repugnancia que él manifiesta si llega a ver la misma cosa en otro, o al escuchar hablar de ello. Como se sabe, los forasteros y las razas extranjeras no pueden "ni olerse". El análisis descubre frecuentemente que los problemas pasajeros de la defecación (diarrea, estreñimiento) corresponden a regresiones del carácter anal.
Se ve también en ciertas personas que se muestran ahorrativas en aquello que concierne a la mudanza de su ropa interior, de una manera desproporcionada a su nivel de vida.
El desarrollo ontogenético del interés por el dinero tal como lo hemos esbozado aquí presenta sin duda diferencias individuales que dependen de las condiciones de vida; se puede no obstante considerarlo como un proceso psicológico propio a los hombres civilizados de nuestra época.
Es tentador entonces ver en esta tendencia evolutiva una característica de la especie humana y suponer que el principio fundamental de la biogénesis es igualmente válido para la formación del símbolo del dinero.
Quizá se encontrará entonces la significación de las pequeñas piedras coloreadas del hombre primitivo, descubiertas en gran número durante las excavaciones efectuadas en las grutas; observaciones sobre el erotismo anal de los salvajes (los hombres primitivos de nuestra época que viven todavía frecuentemente en el estado de trueque o del dinero-piedras o conchas) podrían hacer avanzar considerablemente esta investigación de la historia de las civilizaciones.
Sin embargo, nuestra exposición nos permite suponer que el interés capitalista que progresa conjuntamente al desarrollo, no está solamente al servicio de objetivos prácticos y egoístas, por consiguiente del principio de realidad, sino que el placer procurado por la posesión lograda, el sustituto simbólico y la formación reactiva del erotismo anal y de la coprofilia rechazados, satisfacen también al principio del placer.
La pulsión capitalista contiene por consecuencia, según los hallazgos del psicoanálisis, un componente egoísta y un componente erótico anal.
Este texto que yo he extractado y coloreado con alguna pincelada personal, apareció en la Revista "PSICODEIA" número 62, al precio actual de un café, allá por los años ´80, que ya teníamos ano.
martes, 5 de agosto de 2014
"Miserable caballero es don Dinero" Quevedo revisited (1ª paga)
En estos últimos meses, como quien no quiere la cosa, guerra civil en Ucrania, un avión de pasajeros derribado sobre el que fue granero de Europa y ofensiva sobre Palestina por parte de Israel.
Además de los muertos y la atrocidad de las guerras, veo planear el Dinero e intereses espúreos y estrictamente materialistas sobre todos esos conflictos armados del mundo.
Y mientras tanto, la Humanidad líquida de la que nos habla Bowman, permanece callada, no reacciona. El gas nos impide ver a los rusos que hay detrás y el muro dorado de los lobbies judios, nos impiden ver a Israel. Me encanta Quevedo porque es lo antagónico de los tiempos diarreicos que vivimos, de las hemorragias de desfachatez y mediocridad con las que nos bombardean a diario los noticieros.
Nuestro gran clásico representa el conceptualismo, la concreción, lo suyo es un "cagajón sólido" en comparación a las diarreas del S.XXI. Estoy siendo expresamente escatológico como defensa-homenaje a este gran escritor, pensador y poeta, tantas veces encarcelado por no tener pelos en la lengua y decir verdades como puños. Sabido es también que nuestra relación con el dinero está directamente ligada a nuestras vicisitudes durante la etapa anal (entre los 2 y 4 años, aunque algunas personas ya no salen de ahí), es decir, ese momento en el que prestamos atención a nuestros productos internos (cacas,pipis,mocos) y averiguamos que su control y expulsión producen placer, por lo que se cae en la retención o el estreñimiento (solemos decir que los tacaños son estreñidos). Se modula el binomio actividad/pasividad y se establecen relaciones objetales basadas en el control y manipulación de las personas y objetos inanimados.
Existe por tanto un goce en la acumulación (usura) o en la retención (tacañería) del dinero, en relación directa con el grado de integración de la analidad en nuestra personalidad. Montones de caca y montones de pasta. Tacañería o incontinencia, pues también hay mucha gente a la que se le escapa el dinero de entre las manos (nalgas) y nunca tienen un "duro".
Afortunados aquellos cuya fortuna no se cuenta con dinero ni se puede escapar por el sumidero.
Además de los muertos y la atrocidad de las guerras, veo planear el Dinero e intereses espúreos y estrictamente materialistas sobre todos esos conflictos armados del mundo.
Y mientras tanto, la Humanidad líquida de la que nos habla Bowman, permanece callada, no reacciona. El gas nos impide ver a los rusos que hay detrás y el muro dorado de los lobbies judios, nos impiden ver a Israel. Me encanta Quevedo porque es lo antagónico de los tiempos diarreicos que vivimos, de las hemorragias de desfachatez y mediocridad con las que nos bombardean a diario los noticieros.
Nuestro gran clásico representa el conceptualismo, la concreción, lo suyo es un "cagajón sólido" en comparación a las diarreas del S.XXI. Estoy siendo expresamente escatológico como defensa-homenaje a este gran escritor, pensador y poeta, tantas veces encarcelado por no tener pelos en la lengua y decir verdades como puños. Sabido es también que nuestra relación con el dinero está directamente ligada a nuestras vicisitudes durante la etapa anal (entre los 2 y 4 años, aunque algunas personas ya no salen de ahí), es decir, ese momento en el que prestamos atención a nuestros productos internos (cacas,pipis,mocos) y averiguamos que su control y expulsión producen placer, por lo que se cae en la retención o el estreñimiento (solemos decir que los tacaños son estreñidos). Se modula el binomio actividad/pasividad y se establecen relaciones objetales basadas en el control y manipulación de las personas y objetos inanimados.
Existe por tanto un goce en la acumulación (usura) o en la retención (tacañería) del dinero, en relación directa con el grado de integración de la analidad en nuestra personalidad. Montones de caca y montones de pasta. Tacañería o incontinencia, pues también hay mucha gente a la que se le escapa el dinero de entre las manos (nalgas) y nunca tienen un "duro".
Afortunados aquellos cuya fortuna no se cuenta con dinero ni se puede escapar por el sumidero.
Quevedo y su palabra de oro gratis (2ª emisión)
Aunque de sobras conocidas a lo largo y ancho del mundo hispano, me place mostrar la rabiosa actualidad, modernidad y destreza en el uso del lenguaje, de este coloso de la literatura que fue D.Francisco de Quevedo y Villegas, que tenía la suficiente valentía para decir lo que pensaba y pensar lo que decía ante una de las Cortes e Iglesia más poderosas de Europa. Vamos pues a deleitarnos con algunos de sus poemas:
"La vida empieza en lágrimas y caca,
luego viene la mu con mama y coco,
síguense las viruelas, baba y moco,
y luego llega el trompo y la matraca"
......................................................
"Pues amarga la verdad,
quiero echarla de la boca,
y si al alma su hiel toca,
esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
ha engendrado en mí pereza
la pobreza"
.......................................................
Poderoso caballero
es don Dinero.
........................................................
"Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Génova enterrado"
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero"
..........................................................
"Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos.
Y pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero"
............................................................
"Solamente un dar me agrada,
que es el dar en no dar nada" *
* Máxima favorita del dinero en general y de sus poseedores.
"La vida empieza en lágrimas y caca,
luego viene la mu con mama y coco,
síguense las viruelas, baba y moco,
y luego llega el trompo y la matraca"
......................................................
"Pues amarga la verdad,
quiero echarla de la boca,
y si al alma su hiel toca,
esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
ha engendrado en mí pereza
la pobreza"
.......................................................
Poderoso caballero
es don Dinero.
........................................................
"Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Génova enterrado"
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero"
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"Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos.
Y pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero"
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"Solamente un dar me agrada,
que es el dar en no dar nada" *
* Máxima favorita del dinero en general y de sus poseedores.
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